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A-24

Teoria prática do Porno-disney

por A-24, em 18.06.14
Via El Mundo

Un concierto de Miley Cyrus tendrían que dejárnoslo mirar como a través del ojo de la cerradura: se siente uno 'voyeur' en un 'peep-show'muy casposo, pero rico en morbo. Si no, tendría que ser un encuadre detallista en pantalla HD en la que se proyectaran clásicos de la comedia estadounidense -no nos la podemos tomar en serio, lo suyo es todo una mascarada- como 'Desmadre a la americana' o 'Porky's'. Aunque Miley, en realidad, aspira a ser como 'Spring Breakers' en pop.



El dinero, el oro: la puesta en escena fue una declaración de amor a lo material, a la satisfacción por el lujo. Pero sobre todo había sexo: se pierde la cuenta a lo largo de este 'Bangerz Tour' del número de veces en que la chica se moja la punta del dedo y se lo pasa por la ingle, o saca la lengua -incluso baja de un enorme tobogán con forma de ídem en su entrada, mientras suena 'SMS'-. Lo que quedaría en duda es si el sexo vende: el Palau Sant Jordi se llenó a medias, con unas 12.000 personas -casi todas chicas en busca de un faro, de un modelo de conducta, y pocos chicos- predispuestas a participar en esta fiesta propia de una hermandad universitaria depravada.
Cyrus, más lista que el hambre, siembra su bacanal pop de trampas. Quiere que nos fijemos en la brocha gorda para disimular que -no es un juego conceptista, que conste-, si es una reina, en realidad va desnuda. Abunda en detalles que encienden las alarmas de los defensores de la recta moral y la conducta ejemplar, como el reguero de simulacros de felaciones, piernas abiertas y golpes de cadera, pero más allá de esa experiencia sexual 'softcore' ('porno-Disney', se le podría llamar) poco hay en el 'show' más allá de un maximalismo resultón: sonido alto, comprimido, sin matices, adornado con luces estroboscópicas y flúor, con dibujos animados en la pantalla de fondo.

Visto con inocencia, 'Bangerz' es una fiesta; con cinismo, un esperpento resultón

El 'Bangerz Tour' es como una gira de Madonna sin cuidar las sutilezas, sólo preocupada por el desfogue inmediato, un carpe diem -que los americanos ahora llaman YOLO, "you only live once"-, y que es la excusa para vivir el momento con intensidad sin pensar en las consecuencias. Coches dorados, animalitos 'cuquis', pompones:Miley propone un aquí y ahora divertido que no deja huella. Entiende el concierto como circo o parque de atracciones grotesco -hasta tiene una bailarina enana y coristas enfundadas en peluches de ositos, perretes y conejos-: visto con inocencia, 'Bangerz' es una fiesta; con cinismo, un esperpento resultón.
Y con poco material viejo en el repertorio. Si lo hay, como 'Can't be tamed' o la traca final de 'Party in the USA', es el de transición queenterraba a la virginal Hannah Montana e inventaba a la suripanta Cyrus mayor de edad que fuma 'hierba' y calienta braguetas, y que hace suya la frase de Fangoria: "hagamos algo superficial y vulgar". Y divertido también, vale.